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viernes, 22 de junio de 2007

5. Despertar

Me despierto en mi cama con una desconocida sensación de bienestar. Aunque la habitación está completamente a oscuras, el ruido de coches y conversaciones que viene de la calle me hace pensar que ya está bien entrada la mañana. El reloj de la mesilla me lo confirma: son las 12:30. Es la primera vez en varios años que consigo dormir de un tirón, sin despertarme varias veces a lo largo de la noche. También es la primera vez en varios años que duermo tantas horas seguidas: 11. No está nada mal.

A pesar de estar completamente despierta y descansada, no me levanto aún. Me quedo tumbada boca arriba en la cama, pensando. Pienso en ayer, el día en que todas las verdades salieron a la luz. Dolorosas verdades que no me han dejado dormir durante tantos años, mostrándose amenazadoramente en mi cabeza al apagar la luz para esconderse tras elaboradas mentiras con los primeros rayos del Sol. Hirientes verdades que no me han dejado vivir durante los últimos meses, incapaz de sacarlas de mis pensamientos siquiera unos minutos. Angustiosas verdades que no podían permanecer ocultas más tiempo, por mucho dolor que trajeran a tantas personas a las que intentaba proteger.

Ayer por fin las verdades fueron reveladas. Pienso en los gritos que hubo donde ahora sólo hay silencio, veo otra vez las caras de decepción, las lágrims, las palabras de incomprensión.Pero nada de esto me angustia. Hice mal en tapar las verdades con mentiras: lo reconozco.

Pero también exijo mi derecho a equivocarme, a meter la pata, a hacer las cosas mal y tener otra oportunidad. Un derecho del que no hago uso muy a menudo. Hice mal, lo reconocí finalmente y ahora sólo pretendo seguir adelante intentando no volver a tropezar. Al fin y al cabo, la persona a la que más daño he hecho con mis mentiras es a mí misma.