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sábado, 30 de agosto de 2008

16. Mi agenda

Tengo una agenda donde apunto el nombre, teléfono y dirección de todas las personas que conozco. Familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos... todos están ahí. Hay gente a la que sé que nunca llamaré, gente con la que no he tenido, tengo ni tendré una relación cercana, pero está ahí de todas formas. Por si acaso.

He tenido muchas agendas. Grandes, pequeñas, de colores, con dibujos. Siempre llegaba un momento en que había tantos borrones, tachaduras y manchas de tinta, que me compraba otra agenda y me pasaba toda una tarde copiando los datos de la vieja a la nueva, y luego tiraba la vieja, y vuelta a empezar. Hace ya unos años, en un viaje por tierras turcas, vi una agenda que me encantó, y la compré. Cuando me disponía a hacer el traspaso de datos, pensé que me daría mucha pena que esa agenda comprada a miles de kilómetros de distancia y que tanto me gustaba se llenara de borrones, tachaduras y manchas de tinta, así que decidí que escribiría en ella a lápiz, y así ya no tendría que sustituirla nunca.

Hace 3 días se murió la señora Pepa. Era mi vecina desde hacía 17 años, cuando yo me mudé al edificio. La verdad es que la señora Pepa me caía bien, siempre era agradable conmigo, me preguntaba si me pasaba algo cada vez que me veía con cara rara (y yo le decía que no, aunque fuera que sí) y un par de veces me dio un vasito de arroz o un par de huevos que me hacían falta en ese preciso momento. Pero nunca fuimos más que vecinas. Hasta ayer, que fue su funeral, al que fui porque pusieron una nota en el portal y al parecer todos los vecinos iban a ir, no sabía ni siquiera si tenía familia. Resulta que tenía 2 ex-maridos y 3 hijos. El segundo ex-marido, con el que tuvo los hijos, es estadounidense, así que el funeral fue como los hacen ellos, con gente contando anécdotas y comida y bebida al final. Contaron muchas cosas sobre la señora Pepa, como lo mucho que tuvo que esforzarse para hablar inglés (porque al casarse vivió unos años en Estados Unidos con su marido), aunque nunca llegara a saber escribirlo o leerlo. O que todos los años dedicaba buena parte de sus vacaciones a trabajar como voluntaria en distintas ONGs, principalmente cuidando y tratando a enfermos sin recursos (porque, como también supe ayer, era enfermera). O que aprendió a montar en bicicleta a los 35 años, sólo para enseñar a su hija pequeña a hacerlo. O lo ricas que le quedaban las magdalenas... y lo mucho que la enfadaba que alguien le "robara" una antes de que las hubiera colocado, perfectamente alineadas, en la bandeja. O cómo siempre tenía una palabra amable para todo el mundo, aunque ella estuviera pasando un mal día.

Después del funeral, en el catering que se sirvió, todo el mundo seguía recordando historias y casi todos, aun con tristeza, sonreían. Yo no. Yo me limité a vagar por la sala con una copa en la mano, mirando en todas direcciones, preguntándome qué hacía allí y cómo era posible que la mujer que durante 17 años vivió sólo 2 pisos por encima del mío hubiera tenido que morirse para que yo la conociera.

Hace 3 días se murió la señora Pepa. Y no soy capaz de borrarla de mi agenda.