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martes, 22 de diciembre de 2009

35. ¡Oh, Blanca Navidad!


Llegué a mi destino con 38 minutos de retraso, la cara helada, los pies mojados.



Y una sonrisa de oreja a oreja.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

34. Inesperado

Definitivamente, la estaba mirando más de lo normal. Con más atención, más veces, durante más rato. La miraba, se quedaba pensativo y escribía un par de líneas más en su cuaderno. También miraba a más gente, claro, es inevitable mirar a los demás cuando se viaja en tren. Pero las miradas a ella no eran casuales.

Ella se había levantado ese día demasiado temprano. Había desayunado deprisa, se había vestido sin ganas y había salido a la calle sintiéndose un poquito peor a cada paso que daba. Llegó a la estación, subió al tren y se sentó en el primer asiento que pudo. Se alegró cuando la anciana, tras pararse unos segundos a su lado, siguió caminando hacia el otro extremo del vagón: no se sentía con energías para levantarse. Ni siquiera tenía fuerzas para sacar de su mochila el libro que tan enganchada la tenía, así que simplemente se encajó los auriculares en los oídos y se dispuso a mirar por ventana. Una parada después, subió él. Se sentó casi enfrente de ella por azar, y empezó a mirarla y a escribir en un cuaderno. A mirarla y a escribir en un cuaderno.

Ella se bajó del tren sonriendo a la nada. Todo el mundo se preguntó en el trabajo qué le habría pasado para llegar tan contenta un martes por la mañana. Esa noche fue la primera en semanas que pudo dormir del tirón. Al día siguiente... fue otro día.

jueves, 15 de octubre de 2009

33. Haikus

El haiku (俳句), derivado del haikai, consiste en un poema breve de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente. Es una de las formas de poesía tradicional japonesa más extendidas.

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Ya se va el día
Ya no queda más tiempo

Ya hoy es ayer

Al anochecer
se callan las ciudades
hablan los miedos

Eso que dices
todo tu pensamiento
dilo para ti

Dulce locura
cuando falle la razón
serás mi guía


The bed was ready
The lovers forgot their hearts
The world got sadder

Mano sin temblor
Cogió un cuchillo limpio
Rojo lo dejó

En la oscuridad
respiraban tranquilos
hasta que llegó

Yo te saludé
Tú me recordaste
Eso me basta

Aún no llegas
con tristeza ya pienso
pronto te irás

lunes, 21 de septiembre de 2009

32. Billete de ida y vuelta

(...)

Y después de unos minutos, no sé si 5 o 40 o 200, allí, tendida en el suelo, supe que me iba a morir. Y no me importó, ni me dio pena, ni rabia, ni miedo. Los fornidos hombretones me habían llenado en un segundo de plásticos, placas y tubos, pero supe que no había nada que hacer, y deseé que se fueran y me dejaran sola y ayudaran a alguien que sí tuviera posibilidades de seguir viviendo. No sé si se fueron o no, pero pasado un rato ya no les veía, porque ya no podía ver nada, y ya no les oía a ellos ni a los demás heridos, ni oía las sirenas de las ambulancias ni las voces de las radios. Y entonces, por fin, se resolvió la gran incógnita que había tenido durante tantos años y que no me habría importado resolver aún dentro de unos años más, pero me había llegado el momento y me parecía bien y estaba a punto de saberlo, de saber si era verdad el mito, de saber si en el momento de morir se ve una luz y hay que ir hacia ella y cuando se llega se pasa a otra vida en la que todo es mejor y uno se reencuentra con sus seres queridos ya fallecidos y se sienta, si es que en ese sitio uno puede sentarse, a esperar a que se mueran los que aún viven para volver a verlos y así, una vez hayan muerto todos, ser feliz por toda la eternidad.

Así que ese era el momento, y yo dudaba porque eso de la vida después de la muerte nunca me lo había creido del todo, y ahora por fin sabría la verdad, y noté cómo ya no podía percibir nada por ninguno de los 5 sentidos y cómo ya no podía respirar y cómo se me quedaban rígidos los músculos y, finalmente, cómo se me paraba el corazón.

Y allí, tendida en el suelo, no vi ninguna luz, ni ningún túnel, ni ningún punto brillante, ni nada de nada. Sólo había oscuridad y cada vez era menos consciente de mí misma y sabía que me estaba yendo del mundo a ningún lugar donde nadie me esperaba ni yo esperaría a nadie. Y bueno, si eso era lo que tenía que pasar, de una forma extraña estaba bien que pasara. Así que, finalmente, me morí, tendida en un suelo extranjero a pocos metros del autobús volcado y rodeada de más muertos y otros que pronto lo estarían. Y ése fue el final de todo.

O, al menos, eso era lo que yo creía.

(...)

martes, 18 de agosto de 2009

31. Memories

Era uno de los últimos días de Mayo y yo iba por Madrid con un poco de calor y bastante prisa. Pero tenía que comprarme los zapatos, así que me desvié ligeramente de mi camino y en tan sólo unos minutos caminaba con ellos bajo el brazo. Aunque en realidad no los necesitaba, no me arrepentí de la compra. Me gustaron y eran baratos, el único problema era que, al ser blancos, se ensuciaban con facilidad. Descubrí que lo mejor era limpiarlos con toallitas para bebés. Quedaban como nuevos.

Patearon Londres y Moscú sin causar ni una molestia a mis pies. Ni un rasguño, ni una herida. No necesité abrir la caja de tiritas esta vez, era el tipo de zapatos con los que sentía que podría caminar eternamente, hora tras hora, día tras día, ciudad tras ciudad. Con ellos me planté frente al Big Ben creyendo sólo a medias que de verdad estaba ahí, delante de mí y no en una foto o en una pantalla, como fondo de alguna película. Con ellos recorrí la Plaza Roja una y otra vez, mirando cada edificio desde todos los ángulos posibles, y entré en innumerables iglesias ortodoxas, intentando hacer suficiente espacio en mi memoria para tantos frescos y todas las historias que cada uno encerraba tras de sí.

Pero el diluvio de San Petersburgo nos pilló por sorpresa a todos, y ellos no lograron sobrevivir. Caminaron bajo paraguas y se resguardaron bajo techo sólido cuando lo peor se nos vino encima, pero el agua cuando cae con tantas ganas es implacable y nada pudo hacerse por ellos. Llegaron heroicamente hasta el mismísimo hotel, pero habían sufrido daños irreparables y cualquier intento de restauración hubiera resultado inútil.

El último día hice la maleta y los coloqué al lado en vez de tirarlos, simplemente no pude. Cualquiera hubiera pensado que estaban preparados para iniciar el viaje de vuelta, pero llegado el momento subí el asa, me llevé la maleta y a ellos los dejé ahí, en el frío suelo de la habitación, solos y desamparados. No miré atrás antes de salir por la puerta.

Sólo eran unos zapatos. Sólo me duraron un par de meses. Pero lo que viví estando en ellos se me queda para siempre. Y ellos... quien sabe, quizá, después de todo, aún sigan caminando en otros pies.

miércoles, 5 de agosto de 2009

30. Tic-tac

Mala hora para tener sueño.

Mal momento para montarse en un coche, subirse a un avión y cruzar un continente.

Mala conjunción de circunstancias.

Al mal tiempo, buena cara.

¡Allá voy!

jueves, 18 de junio de 2009

29. Historias de Madrid

Era la 1 de la madrugada de un miércoles cualquiera, y la calle más cara del país y más concurrida del continente aparecía semidesierta y en penumbra. Y allí, a medio camino entre Sol y Callao, unos hermanos nigerianos hacían su trabajo, y lo hacían bien.

Uno pintaba y el otro exponía los cuadros y hablaba de ellos a cualquiera que le mantuviera la mirada más de 2 segundos, y cada uno hacía lo suyo con el mismo arte, la misma habilidad y el mismo esmero. El pintor estaba sentado en el suelo y, apoyando el lienzo contra sus rodillas, pintaba una nueva escena africana bajo el tenue resplandor verde de las enormes letras de El Corte Inglés. El vendedor iba señalando los cuadros ya acabados, expuestos precariamente sobre la acera, y explicaba lo que se veía en ellos ante la ciega mirada de los maniquíes de H&M, Mango y demás cadenas internacionales. Los escasos viandantes de los alrededores parecían acabar en aquel lugar, atraídos por algún magnetismo inexplicable. Hablaban con los artistas y entre ellos, y la mayoría proseguía su camino en la noche con uno o dos cuadros bajo el brazo.

Los hermanos se quedaron hasta casi el amanecer y los grandes comercios abrieron otra vez sus puertas, dispuestos a hacer caja. La calle se volvió a llenar de gente, de gritos y de calor, y la magia de aquellos hermanos permaneció oculta justo en mitad de la calle, palpable sólo para los pocos afortunados que decidieron trasnochar un miércoles cualquiera.


martes, 21 de abril de 2009

28. Momentos

Con la pachorra típica de un dominguero se puso a cruzar la calle, como si tuviera toda la vida para llegar al otro lado. Desde el paso de peatones miraba constantemente a derecha e izquierda para asegurarse de que no venía ningún coche, y se diría que a pesar de todo caminaba con cierta determinación. No le vi llegar a la otra acera porque a las once de la noche de un lunes yo sí que tenía prisa, pero por alguna razón su imagen se me quedó grabada en la memoria. Tan humano él, tan civilizado. Extrañas cualidades para un gato.

miércoles, 15 de abril de 2009

27. Silencio

Llegó por casualidad y hoy me he dado cuenta de que se ha ido. Y, aunque mañana me engañaré y me inventaré una realidad en la que estemos los dos, como siempre, hoy soy consciente y su ausencia me duele más que el frío que entumece mis manos (perdí mis guantes), más que el hambre que encoge mi estómago (estoy a dieta) y más que el golpe que me he dado contra el marco de la puerta (soy torpe).

Hace un mes le llamé por teléfono porque hacía tres que no sabía de su vida, ni él de la mía. Me dijo que era mal momento, que si me podía llamar más tarde, otro día. Por supuesto. Y ha pasado un mes. Nadie está tan ocupado, hoy lo sé. Esta mañana le he vuelto a llamar -era su cumpleaños-, pero en vez de él me ha respondido Movistar. Con la visión borrosa por una súbita humedad le he mandado a duras penas un mensaje. Sé que lo ha leído... y nada. Ninguna respuesta, ninguna llamada, ninguna señal. Nada.

Sé que pasarán las horas, que me iré a dormir y me despertaré mañana y entraré en el juego de mi propio engaño, donde en cualquier momento podrá sonar el teléfono y podrá ser él. Sé por experiencia que mañana estaré bien.

Pero hoy soy consciente. Hoy me invade su ausencia. Hoy me duele.

sábado, 11 de abril de 2009

26. No comments

sábado, 28 de febrero de 2009

25. Pensamientos en la nieve

En lo alto de la montaña, donde un mal paso puede significar el fin, donde un equipo médico no llegaría a tiempo, donde los móviles ya no tienen cobertura. Allí, a cientos de metros sobre el nivel del mar, varios grados por debajo de lo razonable, con la niebla igualando todas las miopías, es donde el desarrollo de la tecnología humana muestra su increíble inutilidad.

miércoles, 11 de febrero de 2009

24. A little bit of Dick

- Voy a detenerlo -dijo el policía.

- No puede hacerlo -dijo Herb Asher-. Estoy en suspensión criónica. Mire, voy a pasar mi mano a través de usted. -Alargó la mano y tocó al policía. Sus dedos encontraron la solidez de la carne protegida por la coraza-. Qué extraño... -dijo Herb Asher. Empujó con más fuerza y, en ese mismo instante, se dio cuenta de que el policía lo apuntaba con una pistola.

- ¿Quiere que apostemos a si está en suspensión criónica o no? -preguntó el policía.

- No -dijo Herb Asher.

- Se lo digo porque, como haga otra tontería, lo mato. Es usted un delincuente buscado por la ley. Puedo matarlo en cuanto me dé la gana. Quíteme la mano de encima. Vamos, quítela. -Herb Asher apartó la mano-. Si fuera capaz de atravesarme con la mano ya se habría caído por el suelo de su coche -dijo el policía-. Piense con un poco de lógica. No se trata de que yo sea real o no; se trata de si todo es real o no. Para usted, quiero decir. Es su problema. O usted cree que es su problema. ¿Estuvo en suspensión criónica?

- Sí.

- Entonces es que sufre una regresión. Es algo muy común. Su cerebro se ve sometido a presión y sufre trastornos. Me he encontrado con personas que estuvieron en suspensión criónica y... bueno, no había ninguna forma de convencerles de que eso ya había terminado, no importa lo que les dijeras o lo que pasara.

- Pues ahora está usted hablando con una de esas personas -dijo Herb Asher.

- ¿Por qué cree que está en suspensión criónica?

- Esa música melosa.

- Yo no...

- Claro que no la oye. De eso se trata, precisamente.

- Está sufriendo alucinaciones.

- De acuerdo. -Herb Asher asintió-. Eso es lo que le estaba diciendo. -Alargó la mano hacia la pistola del policía-. Adelante, dispare -dijo-. No me hará daño. El haz pasará a través de mi cuerpo.

- Creo que su sitio está en un hospital psiquiátrico, no en una cárcel...

- Puede que sí.

- ¿Adónde iba? -le preguntó el policía.

- A California. A visitar a la Fox.

- ¿Fox, como la productora de cine?

- La mayor cantante que existe.

- Nunca he oído hablar de ella.

- En este mundo no es muy conocida -dijo Herb Asher-. En este mundo acaba de empezar su carrera musical. Voy a ayudarla para que sea famosa y conocida en toda la galaxia. Se lo he prometido.

- ¿Y qué tal es el otro mundo, comparado con éste?

- El mundo real... -dijo Herb Asher-. Dios hizo que lo recordara. Soy una de las pocas personas que lo recuerdan. Se me apareció entre los bambús. Había palabras escritas en fuego rojo, palabras que me explicaron la verdad y me devolvieron los recuerdos.

- Está usted muy enfermo. Cree estar en suspensión criónica y recuerda otro universo. Me pregunto qué habría sido de usted si no lo hubiera interceptado...

- Me lo habría pasado estupendamente en la costa Oeste -dijo Herb Asher-. Me lo habría pasado muchísimo mejor de lo que me lo estoy pasando ahora.

- ¿Y qué más le contó Dios?

- Otras cosas.

- ¿Y Dios habla frecuentemente con usted?

- Muy pocas veces. Soy su padre legal.

El policía lo miró fijamente.

- ¿Qué?

- Soy el padre legal de Dios. No su padre auténtico; sólo su padre legal. Mi esposa es su madre.

El policía siguió mirándolo. La pistola láser temblaba ligeramente en su mano.

- Dios hizo que me casara con su madre para que así...

- Extienda las manos.

Herb Asher extendió las manos hacia el policía, y un instante después las esposas se cerraron alrededor de sus muñecas.

-Siga -dijo el policía-. Pero debo advertirle de que cuanto diga puede ser utilizado en su contra ante los tribunales.

- El plan era traer ilegalmente a Dios nuevamente a la Tierra -dijo Herb Asher-. En el útero de mi esposa. El plan tuvo éxito. Por eso hay una orden de búsqueda contra mí. El crimen que cometí fue entrar ilegalmente a Dios en la Tierra, donde gobierna el Maligno. Aquí el Maligno lo controla todo, y a todos, y nadie lo sabe. Por ejemplo, usted trabaja para el Maligno...

- Yo...

- Pero no se da cuenta. Jamás ha oido hablar de Belial.

- Cierto -dijo el policía.

- Eso demuestra que tengo razón -repuso Herb Asher.

- Todo lo que ha dicho desde que detuve su vehículo ha sido grabado -indicó el policía-. Lo analizarán. Así que usted es el padre de Dios...

- Su padre legal.

- Y ésa es la razón de que la ley lo ande buscando. Me pregunto cuál será la definición legal exacta de ese delito... Nunca lo he visto en el código. Presentarse como el padre de Dios...

- El padre legal.

- ¿Quién es su auténtico padre?

- Él mismo -dijo Herb Asher-. Él fecundó a su madre.

- Eso es repugnante.

- Es la verdad. La fecundó con su misma esencia y gracias a ello se duplicó a sí mismo en una microforma, y gracias a ese método pudo...

- Oiga, ¿cree que hace bien contándome todo esto?

- La batalla ha terminado. Dios ha vencido. El poder de Belial ha sido aniquilado.

- Entonces, ¿qué hace usted con las esposas puestas y por qué le estoy apuntando con un láser?

- No estoy seguro. La verdad es que me cuesta dar con la respuesta a eso... hay unos cuantos fragmentos que no consigo encajar en el rompecabezas. Pero estoy trabajando en ello. De lo que no me cabe ninguna duda es de que Yah ha vencido.

- Yah. Supongo que ése es Dios, ¿no?

- Sí, es su auténtico nombre. Su nombre original. De cuando vivía en lo alto de la montaña.

- No quiero empeorar sus problemas -le dijo el policía-, pero es usted el peor chiflado que he visto en toda mi vida, y veo a muchísimas personas diferentes. Cuando le pusieron en suspensión criónica debieron de dejarle el cerebro hecho puré. Supongo que no llegaron a tiempo... debe entender que si me acompaña, no será castigado; será tratado como el lunático que obviamente es. Ningún juez condenaría a un hombre capaz de contar las cosas que usted dice. Lo único que tiene que hacer es contarle al juez eso de que Dios habla con usted entre los bambús y quedará tan libre como un pájaro. Y, sobre todo, cuando le diga que es el padre de Dios...

- Su padre legal -lo corrigió Herb Asher.

- Eso impresionará al tribunal -admitió el policía.



La invasión divina
Philip K. Dick

miércoles, 4 de febrero de 2009

23. Acción

El futuro es hoy, aquí y ahora. Así que todos esos maravillosos planes que tienes en tu linda cabecita: ¡realízalos! Mañana podrías no estar aquí. Tenemos que estar preparados. Siempre alerta. La muerte puede estar a la vuelta de aquella esquina. Podrías haberla esquivado por los pelos hace tan sólo 5 minutos. Podrías haber estado tan cerca que habría sido posible tocarla alargando la mano. Pero no puedes saberlo: ésa es su ventaja. Así que levanta la vista, alegra la cara, olvida los problemas, ignora los dolores, ¡y vive!

sábado, 17 de enero de 2009

22. Im memoriam

Ese día, Marta se levantó mucho más tarde que de costumbre (que ya es decir): se había quedado dormida. Aún somnolienta, doliéndole la espalda (¿por qué le dolía tanto por las mañanas?) y pensando si desayunar los horribles cereales integrales o mandar al diablo la dieta y zamparse 2 bolsitas de oreos, abrió su agenda para ver a qué hora tenía ese día la primera clase y calcular si aún podría llegar a tiempo. Pero al abrirla, el corazón se le petrificó en el pecho y por unos segundos se le olvidó respirar: volvía a ser 1 de abril. Se quedó allí de pie, mirando las 2 palabras que había escrito hacía tiempo en ese día. Recordando otra vez toda la historia sin sentido.

Tommaso Onofri tendría ahora 4 años y medio, pensó. Ahora estaría en el colegio, quizá jugando con sus amiguitos en el patio, quizá en clase aprendiendo alguna cosa nueva. Visualizó la cara sonriente y simpática del niño y trató de imaginársela con 3 años más. Había tanta vitalidad en esos ojos, tanta alegría en esa sonrisa. Pero Tommaso Onofri no tiene 4 años y medio, pensó. Porque los muertos no cumplen años. Y a Tommaso lo mataron cuando tenía poco más de 1.

Sin poder detener sus recuerdos, Marta volvió a revivir toda la tragedia. Recordó cómo había empezado todo: 2 ladrones entran en la casa de una familia humilde, cerca de Palermo, maniatan a los padres y al hijo mayor y, tras robar lo poco que de valor había en la casa, se van apresuradamente llevándose consigo al bebé de la familia, de sólo 18 meses de edad. Recordó la angustia de los días posteriores; por primera vez había pasado semanas viendo todos los telediarios del día, siguiendo la noticia en todos los periódicos on-line que conocía para saber si decían algo del pequeño Tommaso. Recordó la conmoción de toda Italia, que se echó a la calle con pancartas y rezó en masa por la liberación del bebé. Recordó a los padres, al borde de las lágrimas, explicando ante las cámaras cómo había que administrarle a Tommaso sus medicinas, pues, por si el secuestro de un bebé era poco dramático, además el bebé era epiléptico y en el momento del secuestro tenía bronquitis. Numerosas farmacias a lo largo y ancho del país pusieron a disposición de los secuestradores las medicinas que Tommaso necesitaba. Podían entrar a punta de pistola y con la cara cubierta, cogerlas y salir corriendo, y nadie se interpondría en su camino. Lo importante era que Tommaso estuviera bien, luego ya se negociaría su liberación. Recordó las fotos de Tommaso que la prensa había hecho públicas: Tommaso vestido de payaso, Tommaso con un gorrito enseñando 2 dientecitos, un policía sosteniendo una foto del pequeño. Recordó esa carita redonda, sonriente, el pelo castaño alborotado y los grandes ojos azules. Recordó cómo había acabado todo: 30 días después del secuestro, el 1 de Abril de 2004, la policía detuvo por fin a los secuestradores, y éstos se revelaron también como asesinos: sólo unas horas después de irrumpir en casa de los Onofri y salir con Tommaso, lo habían matado a palazos porque no paraba de llorar.

Ahora la que lloraba era Marta. 3 años habían pasado ya, y seguía recordando a Tommaso. A alguien que nunca había conocido, de un país que le era ajeno. Una tragedia entre tantas otras que surcan los medios a diario, pero ésta se le había quedado dentro. No necesitaba una anotación en su agenda para recordar a Tommaso ya que, aún después de tanto tiempo,pensaba en él a menudo, sin saber por qué. Sólo lo había anotado para no olvidarse de recordarlo el día en que todo se supo. Pero aun sin esa anotación no podía olvidarse de él. Sabía que jamás podría.

Marta cerró de golpe la agenda, olvidando la razón por la que la había abierto. Con las lágrimas recorriéndole las mejillas, se dirigió a la cocina para desayunar, sintiéndose triste y reconfortada a la vez. Triste porque Tommaso seguía muerto. Reconfortada porque, en plena locura del siglo 21, ella seguía siendo humana.

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Italia/vive/conmocionada/secuestro/nino/meses/enfermo/epilepsia/elpporint/20060307elpepuint_5/Tes
http://www.elmundo.es/elmundo/2006/04/02/sociedad/1143931078.html
http://www.repubblica.it/2006/04/sezioni/cronaca/tommaso-1/morto/morto.html

viernes, 9 de enero de 2009

21. Un final

No cabía toda la tristeza del mundo
en su corazón, no cabía.
Así que se murió.