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sábado, 28 de febrero de 2009

25. Pensamientos en la nieve

En lo alto de la montaña, donde un mal paso puede significar el fin, donde un equipo médico no llegaría a tiempo, donde los móviles ya no tienen cobertura. Allí, a cientos de metros sobre el nivel del mar, varios grados por debajo de lo razonable, con la niebla igualando todas las miopías, es donde el desarrollo de la tecnología humana muestra su increíble inutilidad.

miércoles, 11 de febrero de 2009

24. A little bit of Dick

- Voy a detenerlo -dijo el policía.

- No puede hacerlo -dijo Herb Asher-. Estoy en suspensión criónica. Mire, voy a pasar mi mano a través de usted. -Alargó la mano y tocó al policía. Sus dedos encontraron la solidez de la carne protegida por la coraza-. Qué extraño... -dijo Herb Asher. Empujó con más fuerza y, en ese mismo instante, se dio cuenta de que el policía lo apuntaba con una pistola.

- ¿Quiere que apostemos a si está en suspensión criónica o no? -preguntó el policía.

- No -dijo Herb Asher.

- Se lo digo porque, como haga otra tontería, lo mato. Es usted un delincuente buscado por la ley. Puedo matarlo en cuanto me dé la gana. Quíteme la mano de encima. Vamos, quítela. -Herb Asher apartó la mano-. Si fuera capaz de atravesarme con la mano ya se habría caído por el suelo de su coche -dijo el policía-. Piense con un poco de lógica. No se trata de que yo sea real o no; se trata de si todo es real o no. Para usted, quiero decir. Es su problema. O usted cree que es su problema. ¿Estuvo en suspensión criónica?

- Sí.

- Entonces es que sufre una regresión. Es algo muy común. Su cerebro se ve sometido a presión y sufre trastornos. Me he encontrado con personas que estuvieron en suspensión criónica y... bueno, no había ninguna forma de convencerles de que eso ya había terminado, no importa lo que les dijeras o lo que pasara.

- Pues ahora está usted hablando con una de esas personas -dijo Herb Asher.

- ¿Por qué cree que está en suspensión criónica?

- Esa música melosa.

- Yo no...

- Claro que no la oye. De eso se trata, precisamente.

- Está sufriendo alucinaciones.

- De acuerdo. -Herb Asher asintió-. Eso es lo que le estaba diciendo. -Alargó la mano hacia la pistola del policía-. Adelante, dispare -dijo-. No me hará daño. El haz pasará a través de mi cuerpo.

- Creo que su sitio está en un hospital psiquiátrico, no en una cárcel...

- Puede que sí.

- ¿Adónde iba? -le preguntó el policía.

- A California. A visitar a la Fox.

- ¿Fox, como la productora de cine?

- La mayor cantante que existe.

- Nunca he oído hablar de ella.

- En este mundo no es muy conocida -dijo Herb Asher-. En este mundo acaba de empezar su carrera musical. Voy a ayudarla para que sea famosa y conocida en toda la galaxia. Se lo he prometido.

- ¿Y qué tal es el otro mundo, comparado con éste?

- El mundo real... -dijo Herb Asher-. Dios hizo que lo recordara. Soy una de las pocas personas que lo recuerdan. Se me apareció entre los bambús. Había palabras escritas en fuego rojo, palabras que me explicaron la verdad y me devolvieron los recuerdos.

- Está usted muy enfermo. Cree estar en suspensión criónica y recuerda otro universo. Me pregunto qué habría sido de usted si no lo hubiera interceptado...

- Me lo habría pasado estupendamente en la costa Oeste -dijo Herb Asher-. Me lo habría pasado muchísimo mejor de lo que me lo estoy pasando ahora.

- ¿Y qué más le contó Dios?

- Otras cosas.

- ¿Y Dios habla frecuentemente con usted?

- Muy pocas veces. Soy su padre legal.

El policía lo miró fijamente.

- ¿Qué?

- Soy el padre legal de Dios. No su padre auténtico; sólo su padre legal. Mi esposa es su madre.

El policía siguió mirándolo. La pistola láser temblaba ligeramente en su mano.

- Dios hizo que me casara con su madre para que así...

- Extienda las manos.

Herb Asher extendió las manos hacia el policía, y un instante después las esposas se cerraron alrededor de sus muñecas.

-Siga -dijo el policía-. Pero debo advertirle de que cuanto diga puede ser utilizado en su contra ante los tribunales.

- El plan era traer ilegalmente a Dios nuevamente a la Tierra -dijo Herb Asher-. En el útero de mi esposa. El plan tuvo éxito. Por eso hay una orden de búsqueda contra mí. El crimen que cometí fue entrar ilegalmente a Dios en la Tierra, donde gobierna el Maligno. Aquí el Maligno lo controla todo, y a todos, y nadie lo sabe. Por ejemplo, usted trabaja para el Maligno...

- Yo...

- Pero no se da cuenta. Jamás ha oido hablar de Belial.

- Cierto -dijo el policía.

- Eso demuestra que tengo razón -repuso Herb Asher.

- Todo lo que ha dicho desde que detuve su vehículo ha sido grabado -indicó el policía-. Lo analizarán. Así que usted es el padre de Dios...

- Su padre legal.

- Y ésa es la razón de que la ley lo ande buscando. Me pregunto cuál será la definición legal exacta de ese delito... Nunca lo he visto en el código. Presentarse como el padre de Dios...

- El padre legal.

- ¿Quién es su auténtico padre?

- Él mismo -dijo Herb Asher-. Él fecundó a su madre.

- Eso es repugnante.

- Es la verdad. La fecundó con su misma esencia y gracias a ello se duplicó a sí mismo en una microforma, y gracias a ese método pudo...

- Oiga, ¿cree que hace bien contándome todo esto?

- La batalla ha terminado. Dios ha vencido. El poder de Belial ha sido aniquilado.

- Entonces, ¿qué hace usted con las esposas puestas y por qué le estoy apuntando con un láser?

- No estoy seguro. La verdad es que me cuesta dar con la respuesta a eso... hay unos cuantos fragmentos que no consigo encajar en el rompecabezas. Pero estoy trabajando en ello. De lo que no me cabe ninguna duda es de que Yah ha vencido.

- Yah. Supongo que ése es Dios, ¿no?

- Sí, es su auténtico nombre. Su nombre original. De cuando vivía en lo alto de la montaña.

- No quiero empeorar sus problemas -le dijo el policía-, pero es usted el peor chiflado que he visto en toda mi vida, y veo a muchísimas personas diferentes. Cuando le pusieron en suspensión criónica debieron de dejarle el cerebro hecho puré. Supongo que no llegaron a tiempo... debe entender que si me acompaña, no será castigado; será tratado como el lunático que obviamente es. Ningún juez condenaría a un hombre capaz de contar las cosas que usted dice. Lo único que tiene que hacer es contarle al juez eso de que Dios habla con usted entre los bambús y quedará tan libre como un pájaro. Y, sobre todo, cuando le diga que es el padre de Dios...

- Su padre legal -lo corrigió Herb Asher.

- Eso impresionará al tribunal -admitió el policía.



La invasión divina
Philip K. Dick

miércoles, 4 de febrero de 2009

23. Acción

El futuro es hoy, aquí y ahora. Así que todos esos maravillosos planes que tienes en tu linda cabecita: ¡realízalos! Mañana podrías no estar aquí. Tenemos que estar preparados. Siempre alerta. La muerte puede estar a la vuelta de aquella esquina. Podrías haberla esquivado por los pelos hace tan sólo 5 minutos. Podrías haber estado tan cerca que habría sido posible tocarla alargando la mano. Pero no puedes saberlo: ésa es su ventaja. Así que levanta la vista, alegra la cara, olvida los problemas, ignora los dolores, ¡y vive!