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martes, 18 de agosto de 2009

31. Memories

Era uno de los últimos días de Mayo y yo iba por Madrid con un poco de calor y bastante prisa. Pero tenía que comprarme los zapatos, así que me desvié ligeramente de mi camino y en tan sólo unos minutos caminaba con ellos bajo el brazo. Aunque en realidad no los necesitaba, no me arrepentí de la compra. Me gustaron y eran baratos, el único problema era que, al ser blancos, se ensuciaban con facilidad. Descubrí que lo mejor era limpiarlos con toallitas para bebés. Quedaban como nuevos.

Patearon Londres y Moscú sin causar ni una molestia a mis pies. Ni un rasguño, ni una herida. No necesité abrir la caja de tiritas esta vez, era el tipo de zapatos con los que sentía que podría caminar eternamente, hora tras hora, día tras día, ciudad tras ciudad. Con ellos me planté frente al Big Ben creyendo sólo a medias que de verdad estaba ahí, delante de mí y no en una foto o en una pantalla, como fondo de alguna película. Con ellos recorrí la Plaza Roja una y otra vez, mirando cada edificio desde todos los ángulos posibles, y entré en innumerables iglesias ortodoxas, intentando hacer suficiente espacio en mi memoria para tantos frescos y todas las historias que cada uno encerraba tras de sí.

Pero el diluvio de San Petersburgo nos pilló por sorpresa a todos, y ellos no lograron sobrevivir. Caminaron bajo paraguas y se resguardaron bajo techo sólido cuando lo peor se nos vino encima, pero el agua cuando cae con tantas ganas es implacable y nada pudo hacerse por ellos. Llegaron heroicamente hasta el mismísimo hotel, pero habían sufrido daños irreparables y cualquier intento de restauración hubiera resultado inútil.

El último día hice la maleta y los coloqué al lado en vez de tirarlos, simplemente no pude. Cualquiera hubiera pensado que estaban preparados para iniciar el viaje de vuelta, pero llegado el momento subí el asa, me llevé la maleta y a ellos los dejé ahí, en el frío suelo de la habitación, solos y desamparados. No miré atrás antes de salir por la puerta.

Sólo eran unos zapatos. Sólo me duraron un par de meses. Pero lo que viví estando en ellos se me queda para siempre. Y ellos... quien sabe, quizá, después de todo, aún sigan caminando en otros pies.

miércoles, 5 de agosto de 2009

30. Tic-tac

Mala hora para tener sueño.

Mal momento para montarse en un coche, subirse a un avión y cruzar un continente.

Mala conjunción de circunstancias.

Al mal tiempo, buena cara.

¡Allá voy!