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lunes, 21 de septiembre de 2009

32. Billete de ida y vuelta

(...)

Y después de unos minutos, no sé si 5 o 40 o 200, allí, tendida en el suelo, supe que me iba a morir. Y no me importó, ni me dio pena, ni rabia, ni miedo. Los fornidos hombretones me habían llenado en un segundo de plásticos, placas y tubos, pero supe que no había nada que hacer, y deseé que se fueran y me dejaran sola y ayudaran a alguien que sí tuviera posibilidades de seguir viviendo. No sé si se fueron o no, pero pasado un rato ya no les veía, porque ya no podía ver nada, y ya no les oía a ellos ni a los demás heridos, ni oía las sirenas de las ambulancias ni las voces de las radios. Y entonces, por fin, se resolvió la gran incógnita que había tenido durante tantos años y que no me habría importado resolver aún dentro de unos años más, pero me había llegado el momento y me parecía bien y estaba a punto de saberlo, de saber si era verdad el mito, de saber si en el momento de morir se ve una luz y hay que ir hacia ella y cuando se llega se pasa a otra vida en la que todo es mejor y uno se reencuentra con sus seres queridos ya fallecidos y se sienta, si es que en ese sitio uno puede sentarse, a esperar a que se mueran los que aún viven para volver a verlos y así, una vez hayan muerto todos, ser feliz por toda la eternidad.

Así que ese era el momento, y yo dudaba porque eso de la vida después de la muerte nunca me lo había creido del todo, y ahora por fin sabría la verdad, y noté cómo ya no podía percibir nada por ninguno de los 5 sentidos y cómo ya no podía respirar y cómo se me quedaban rígidos los músculos y, finalmente, cómo se me paraba el corazón.

Y allí, tendida en el suelo, no vi ninguna luz, ni ningún túnel, ni ningún punto brillante, ni nada de nada. Sólo había oscuridad y cada vez era menos consciente de mí misma y sabía que me estaba yendo del mundo a ningún lugar donde nadie me esperaba ni yo esperaría a nadie. Y bueno, si eso era lo que tenía que pasar, de una forma extraña estaba bien que pasara. Así que, finalmente, me morí, tendida en un suelo extranjero a pocos metros del autobús volcado y rodeada de más muertos y otros que pronto lo estarían. Y ése fue el final de todo.

O, al menos, eso era lo que yo creía.

(...)

3 personas me visitaron y me comentaron:

Nanny Ogg dijo...

Genial relato, me ha encantado :)

Besos

Fersitu dijo...

Que bonito... (y yo que pasaba por aquí para responder sobre lo de Ellos y el acústico)...los relatos cortos a veces concentran más emoción que un libro de 300 páginas, aunque me ha dejado un poco angustiado, pero supongo que es bueno, porque me ha transmitido.

Un besu!

Mijel... dijo...

Siempre he creido que de existir algo excepcional después de la muerte quizás no sea tan extraordinario, y como parte de la vida, quizás sea decepcionante.