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lunes, 14 de junio de 2010

44. Ausencia

Subo al vagón, como cada mañana, con los madrugadores habituales. Todos nos conocemos ya, aunque nunca hablamos. Inmediatamente nuestras miradas buscan el rincón de las dependientas. Ayer faltaron y hoy sólo han venido dos: la de las mechas imposibles y la del tic nervioso. Falta la morena. El inédito silencio de sus compañeras confirma nuestras peores sospechas. Su asiento queda vacio durante cinco paradas. En la sexta lo ocupa un joven que nunca viaja a esta hora. Al igual que nosotros, jamás cruzó una palabra con la morena. Pero hoy es el único que no la echa de menos.

4 personas me visitaron y me comentaron:

Martha dijo...

Que sensación tan triste...

Y que bien contado! ^^

Mr Zebra dijo...

En realidad lo de la boda tiene una explicación lógica pero los hechos no dejan de ser los hechos.

Por otra parte, se me ocurren tantas cosas que pueden haberle pasado a la morena...pero me inclino por pensar que ha cambiado de vagón, justo al vagón anterior, donde se lo pasa en grande porque los madrugadores de ese vagón son muy divertidos y cuando escucháis las carcajadas de la morena sentís ganas de cambiaros de vagón pero ninguno lo hace por timidez.

Nanny Ogg dijo...

Es curioso como una presencia cotidiana de alguien desconocido puede llegar a notarse tanto.

Besos

Cable Hogue dijo...

Cúanto significado en tan pocas palabras... ¡Muy bueno!