CLICK HERE FOR BLOGGER TEMPLATES AND MYSPACE LAYOUTS »

martes, 12 de julio de 2011

52. Contrastes

Iba yo por la Gran Vía, creyéndome digna, andando apresuradamente hacia una de tantas tiendas de ropa moderna y barata que congestionan la centenaria calle. Andaba apresurada porque, de lo contrario, no me daría tiempo a llegar al punto donde había quedado poco menos de una hora más tarde de la que era en ese momento. Y porque antes de llegar a dicho punto tenía que comprobar si en esa tienda tenían un bolso que fuera exactamente de la misma tonalidad de rojo que los zapatos que me acababa de comprar un poco más allá, que a su vez hacían juego con un cinturón que había adquirido expresamente para combinar con un bonito, y también nuevo, vestido negro.

Iba yo por la Gran Vía, abriéndome paso hábilmente entre la multitud de turistas embobados, turistas perdidos, turistas fascinados y algún que otro autóctono despistado, con el pensamiento puesto en mi único objetivo de encontrar el bolso que necesitaba. Y entonces le vi. Por su físico no hubiera resaltado entre las demás personas: no era especialmente guapo ni mucho menos feo y sus facciones indicaban que podía ser de allí o de cualquier otro lugar; parecía alto y aseado, estaba delgado y vestía ropa normal, acorde a un chico de su edad. Estaba penosamente sentado en el suelo y lloraba a su pesar, incontrolablemente. Su cara normal lanzaba un silencioso grito de desesperación al inaturdible gentío. Sostenía entre sus manos un cartel mal escrito, como tantos otros se ven de vez en cuando al bajar la mirada hacia el suelo. "Tengo 23 años. Vivo en la calle. Ayúdame por favor", era lo que decía.

Iba yo por la Gran Vía, con mis zapatos recién comprados y el pensamiento puesto en la próxima compra. Entré en la tienda en cuestión y vi los bolsos al fondo, había algunos rojos. Miré algunos y luego me miré a mí misma en el espejo y por un momento vi el reflejo de un ser grotesco y cruel. Otro par de zapatos para otro vestido, y ahora otro bolso. Y un chico de 23 años llorando en la acera, desesperado, durante horas, sin que nadie le haga el menor caso. ¿Qué le ha tenido que pasar para acabar en una situación tan dramática? ¿Qué nos ha tenido que pasar para acabar en una situación tan perversa?