CLICK HERE FOR BLOGGER TEMPLATES AND MYSPACE LAYOUTS »

sábado, 9 de febrero de 2013

58. Al ladrón

Lo peor no fue el disgusto de ver el compartimento inesperadamente vacío. No lo fue tampoco la vergüenza de salir a la calle al día siguiente con la misma ropa y sin peinar. Ni siquiera el escandaloso gasto realizado en menos de 5 horas para reemplazar lo que en realidad no era tan importante.

No: el disgusto pasó tras una animada charla entre amigos; la vergüenza duró apenas un rato y el gasto, afortunadamente, fue sólo cuestión de dinero.

Lo peor fue esa violación de mi intimidad -el ladrón acariciando mis braguitas, al fin y al cabo-, ese castigo de mi inocencia, la pura maldad como respuesta a una confianza innata hacia las demás personas. Ya no soy la misma, los demás no son los mismos. Ahora, de repente, todo el mundo es susceptible de ser culpable de un presunto crimen futuro, miro con recelo a la gente que me mira -y con más a la que no me mira- y no doy tres pasos sin dirigir mis manos a mis bienes más preciados: bolso, cartera, pañuelo, cualquier cosa que pueda ser cogida al vuelo, de un tirón o con una hábil maniobra de despiste.

El ladrón se llevó mucho más que mi maleta rota, mi ropa limpia y mis zapatos nuevos. Se llevó una parte de mi humanidad. Y eso no se puede volver a comprar con dinero.

0 personas me visitaron y me comentaron: